Por Rafael Angel Serra Colón
Cuando el hombre comió el fruto del árbol prohibido, Dios lo castigó a comer únicamente las frutas que están en el piso, eñangotándoee, con dolor y sacrificio, pero del fruto que está en el árbol no podrá comer ya que solo el que está libre de pecado podía comer del mismo.
Jehová, el Dios de los Judíos, parece que no perdona. Al que peca lo castiga a tener que recoger el fruto que cae al piso eñangotándose, con sudor y sacrificio, por el resto de su vida hasta que muera.
Alá, el Dios de los Musulmanes, parece que es más radical. Según la ley Sharia (islámica), al ladrón le cortan la mano para que más nunca pueda vovler a coger lo que no le pertenece. Así que, según la ley islámica, todos los que se dedican a robar, terminarán mancos.
El Dios de los cristianos reconoce que el hombre no es perfecto, que comete errores, y caerá en pecado por debilidad. También reconoce que el hombre tiene la capacidad de arrepentirse y enmendar dichos errores, de corregir y rectificar.
Cuando Dios vino a la Tierra en el cuerpo de su hijo Jesús vivió en carne propia la condición de ser humano.
Es por esto que Dios, por medio de su hijo Jesús, siempre está dispuesto a perdonar tus pecados, condicionado a que te arrepientas y rectifiques. Entonces, luego de que Dios te libere del pecado, podrás volver a comer del fruto que está en el árbol.
Si vuelves a pecar, Dios te castigará de nuevo a comer de los frutos que caen al suelo, con dolor y sacrificio hasta que muestres arrepentimiento y rectifiques y pidas perdón otra vez. Entonces Dios te volverá a perdonar. Así lo hará cuantas veces sea necesario.
Pero cuidado, no te recuestes de que Dios te va a perdonar siempre para seguir pecando a propósito, ya que Dios perdona el pecado por debilidad, pero aborrece al que peca por maldad. Puedes caer enfermo y morir sin la gracia de Dios y entonces ser condenado a la agonía eterna del infierno.
Por tal razón, Jesús te exhorta a arrepentirte de tus pecados, corregir y rectificar, para que Dios libere tu alma del peso del pecado y no tengas que comer más del fruto que cayó al piso, y puedas comer del fruto fresco que está en el árbol.
No vivas en pecado por temor a que Dios nunca te va a perdonar. Dios siempre estará dispuesto a perdonar, siempre y cuando vea arrepentimiento y rectificación.
“Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” dice el Padre Nuestro.
Para ser perdonado, tienes que aprender a perdonar, comenzando contigo mismo. Tienes que perdonarte para que Dios te perdone.
Por eso creo en el mensaje de amor y perdón de Jesús. No puedo seguir ninguna religión que no acepta la condiciòn del ser humano a cometer errores ni a darle oportunidad de enmendar los mismo y ser una mejor persona.
Los que se pasan invocando religiones extrañas, leyes de tierras lejanas, y credos de civilizaciones extintas, tengan cuidado, que no es lo mismo llamar al Diablo que verlo venir.
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